15 julio 2008

Nubes de esponja

Cuando iba a la guardería siempre era el primero en llegar, recuerdo que practicamente era de noche y yo vivía el camino entre cabezadas. Mis padres siempre han sido unos trabajadores natos y debían estar pronto en sus respectivos empleos, por lo cual el niño se tenia que quedar un poquito antes en la guardería para que ellos marchasen tranquilos.

Cuando los demás niños entraban, yo ya era el dueño de la sala de juegos, provablemente lo único bueno de levantarme a horas intempestivas, no es que recuerde mucho de como era el edificio por dentro, pero si que tengo muchos recuerdos sueltos.

Recuerdo cuando compraron triciclos nuevos y los cuales guardaban como oro en paño, no era para menos ya que lucían un metal brillante como la plata y unas ruedas enormes y nuevecitas de trinca. Recuerdo que casi siempre abrían la puerta del cuarto de los triciclos después de la hora de comer, al mediodía, y como corríamos todos para no quedarnos sin uno.

También vienen a mi mente los innumerables almuerzos que me comía escondido en el tubo de hormigón que había en una punta del patio, feliz en mi aislamiento y ajeno a todo. Después de mi ritual, corría con los otros niños y nos subíamos por cualquier sitio que pudiese poner nerviosas a las profesoras, los cuales eran muchos: la casa de juguete, el susodicho tubo de hormigon, las estructuras que rodeaban los toboganes...

Pero provablemente haya un recuerdo que se superponga a todos los demás, el que por algún motivo recuerdo con mas fuerza. Por algún motivo yo me había quedado en la guardería y todos los niños ya habían marchado, tal vez mis padres venían a recojerme mas tarde ese día, o algo habría pasado, la cuestión es que una profesora cojió un buen puñado de folios enormes, pintura, y un regimento de esponjas con formas diferentes... y me puso a pintar con ellas. Recuerdo como el sol de la tarde, rojizo, ya bañaba la sala mientras yo cojia en silencio las esponjas y las bañaba en pintura para luego dejarlas caer sobre el folio. Recuerdo lo feliz que me hacia aquello, pintar una nube tras otra con mi esponja de color azul sobre un paisaje que yo mismo había creado.
De lo orgulloso que estaba, me lo lleve a casa donde lo guardé como si fuese un tesoro, y me encantaba verlo de vez en cuando, pero con el paso del tiempo perdí mi interés en el y para cuando quise recuperarlo... ya había desaparecido en alguna de las innumerables "limpiezas generales" que a mi madre tanto le han gustado hacer siempre.

No fui consciente de que pese a haber desaparecido mi pequeño tesoro, había guardado uno mucho mas importante en mi interior, un recuerdo de cuan feliz pudo ser mi infancia y que podría conservar para reconfortarme durante toda mi vida.

3 comentarios:

Javier dijo...

Cuan feliz hemos sido en nuestra infancia, por suerte.
Ajenos a lo que el futuro nos deparaba, desengaños, carencias, soledad, preocupaciones por salir adelante...
Esos momentos de la infancia, distantes e inolvidables, los llevo por siempre jamás conmigo.

Tambien recuerdo momentos en la guarderia, pero no con total claridad, sino como a modo de flashback, un poco aqui y otro alli.

Me da miedo que algún dia olvide estos momentos tan llenos de felicidad y despreocupacion.

Nuestros padres han hecho todo lo posible por que no nos faltase la felicidad.. pese a que a veces lo olvidemos. Espero que algún dia, aunque sea una decima parte de lo que ellos hicieron por mi, pueda pagarles por una infancia tan buena.

Es una lástima que al hacernos mayores la "magia" se pierda. Somos capaces de hacer más cosas, somos más libres, más fuertes (en parte) y con más conocimiento, pero daría lo que fuese por volver a ser ese crio antaño, o al menos por volver a sentir esa magia, cuando todo nos era ajeno y la tristeza no existia apenas.

En fin, la nostalgia me puede XD.
Una vez más, me ha gustado lo que has escrito y como lo has hecho.

Mis más cordiales saludos.

Anónimo dijo...

nos aferramos mucho a los recuerdos materiales (yo no tiro nada, tengo miedo a olvidar algún buen recuerdo)

Pero tenemos/TENGO que aprender a que es ley de vida, hay cosas maravillosas que olvidamos y hay cosas maravillosas que se nos graban a fuego en la memoria

El día que aprendemos a perder cosas y a no llorar/lamentarnos por ellas, es un gran día

Yo estoy esperando mi gran día. Bueno, poco a poco..

=)

La anónima de siempre

Neoand dijo...

Pues yo siempre he sido un tonto que no solia guardar recuerdos de nada, pero ahora soy capaz de conservar cualquier chorradita que me transmita algo sobre algun momento concreto.

Creo que voy para atrás como los cangrejos.

 

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